WASHINGTON.— Una operación militar estadounidense que hasta ahora había permanecido fuera de la atención pública está permitiendo mantener abierto, al menos parcialmente, el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles de la actual guerra entre Washington y Teherán.
La información, revelada este miércoles por Axios, señala que las fuerzas estadounidenses establecieron un corredor marítimo en la zona meridional del estrecho, próximo a la costa de Omán, mediante el cual se estaría facilitando el tránsito nocturno de grupos de petroleros. El dispositivo llevaría varias semanas funcionando y tendría como objetivo reducir el impacto de la interrupción del comercio energético.
De acuerdo con funcionarios estadounidenses citados por el medio, entre 15 y 20 petroleros atraviesan cada noche el corredor, movilizando actualmente unos 10 millones de barriles diarios. En algunas jornadas recientes, el volumen habría alcanzado entre 15 y 20 millones de barriles, aunque las cifras sobre el tráfico efectivo por Ormuz presentan diferencias entre las fuentes oficiales y los sistemas independientes de seguimiento marítimo.
La maniobra no consiste simplemente en escoltar embarcaciones cargadas. El esquema también contempla ayudar a petroleros vacíos a ingresar desde el mar Arábigo hacia el Golfo Pérsico, recoger crudo en terminales de países de la región y posteriormente regresar por el mismo corredor hacia aguas abiertas.
Para organizar los movimientos, una fuerza de tarea con sede en Fort Bragg, Carolina del Norte, coordina con gobiernos y socios del Golfo las listas diarias de buques autorizados. Los barcos son distribuidos en diferentes ventanas horarias para evitar concentraciones excesivas y reciben instrucciones sobre la ruta que deben seguir.
La protección militar constituye uno de los componentes más delicados de la operación. Según Axios, los petroleros que utilizan el canal meridional reciben cobertura de aviones de combate estadounidenses, una medida destinada a disuadir o responder a eventuales ataques con drones, misiles u otras embarcaciones iraníes.
Washington considera que las condiciones para desarrollar esta operación mejoraron después de una campaña del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) que habría degradado buena parte de los radares y sistemas iraníes de vigilancia marítima. Sin embargo, Teherán todavía conserva capacidades de observación mediante radares reconstruidos y unidades navales rápidas de la Guardia Revolucionaria.
El escenario sigue siendo peligroso. Reuters reportó este miércoles que el tráfico comercial por Ormuz continúa muy por debajo de los niveles habituales: los datos de Kpler registraron solamente seis embarcaciones de productos básicos atravesando el estrecho el martes, frente a nueve el día anterior y un promedio reciente de alrededor de 11 cruces diarios.
La diferencia entre las cifras resulta significativa. Antes de la guerra, el estrecho canalizaba alrededor de 20 millones de barriles diarios, equivalentes aproximadamente a una quinta parte de los suministros mundiales de petróleo transportados por vía marítima. La reducción del tránsito ha llevado a compañías navieras y grandes compradores asiáticos a extremar las precauciones o buscar rutas y proveedores alternativos.
El impacto ya se refleja en los mercados energéticos. Reuters informó que el crudo Brent se acercó nuevamente a los 91 dólares por barril, mientras los operadores incorporan una mayor prima de riesgo ante la posibilidad de que las restricciones al transporte por Ormuz se prolonguen. El mercado comienza a valorar la crisis como un problema potencialmente duradero y no como una interrupción temporal.
La tensión también ha generado versiones enfrentadas sobre el estado del estrecho. Donald Trump afirma que Estados Unidos tiene el control de Ormuz y que la vía está abierta, mientras Irán sostiene que el paso continúa cerrado o sometido a restricciones. Los datos de navegación, por su parte, muestran que la actividad sigue siendo considerablemente inferior a la registrada antes del conflicto.
La controversia se suma a una escalada verbal de Trump, quien recientemente llegó a plantear que Estados Unidos podría convertir el estrecho en territorio estadounidense después de derrotar a Irán. La propuesta ha elevado todavía más la tensión alrededor de una vía marítima que pertenece a un espacio internacional estratégico situado entre Irán y Omán.
El trasfondo económico explica buena parte de la importancia de la operación. Una interrupción prolongada de Ormuz amenaza no solamente el suministro de petróleo, sino también el transporte de gas natural licuado procedente del Golfo y las cadenas de suministro que dependen de la energía de Oriente Medio. Arabia Saudita, además, reanudó recientemente las cargas de petróleo desde instalaciones situadas dentro del estrecho, otra señal de que los productores buscan recuperar capacidad de exportación pese a los riesgos.
En este contexto, el corredor estadounidense representa un intento de mantener respirando al mercado energético mundial sin que Washington tenga que declarar completamente restablecido el tráfico marítimo. Pero la operación también expone a Estados Unidos a un riesgo mayor: cualquier ataque contra un petrolero bajo protección estadounidense podría transformar un incidente marítimo en una nueva escalada directa entre las dos potencias.
Mientras continúan las negociaciones y las declaraciones contradictorias sobre el futuro del estrecho, el flujo de crudo permanece lejos de los niveles anteriores a la guerra. La combinación de presencia militar estadounidense, vigilancia aérea, rutas controladas y menor tráfico comercial mantiene abierto parcialmente el corredor, pero no elimina la amenaza de nuevos ataques ni resuelve la disputa sobre quién controla realmente Ormuz.