El mercado petrolero internacional cambió de rumbo este jueves 13 de agosto, después de varias sesiones consecutivas de ganancias. El Brent terminó la jornada en 87,07 dólares por barril, con una caída de 1,91 dólares, equivalente al 2,14 %, mientras el WTI estadounidense retrocedió 2,02 dólares, hasta los 81,25 dólares, una pérdida de aproximadamente 2,43 %.
El retroceso sorprendió por producirse en medio de una situación geopolítica particularmente delicada en Oriente Medio. Las tensiones entre Estados Unidos e Irán continúan, mientras persiste la incertidumbre sobre el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, una de las rutas estratégicas más importantes para el comercio mundial de hidrocarburos.
Sin embargo, los operadores del mercado concentraron su atención en otro factor: las reservas de petróleo de Estados Unidos registraron un incremento extraordinario. Datos de la Administración de Información Energética estadounidense mostraron un aumento semanal de 17,4 millones de barriles, el mayor incremento desde enero de 2023.
El volumen de inventarios superó ampliamente las expectativas y envió una señal bajista a los mercados. Una acumulación de crudo de semejante magnitud sugiere que, al menos en el corto plazo, existe una disponibilidad mayor de petróleo en Estados Unidos de la que anticipaban los operadores.
A esa presión se sumaron las nuevas previsiones sobre el consumo mundial. Tanto la OPEP como la Agencia Internacional de Energía (AIE) han reducido sus perspectivas de crecimiento de la demanda petrolera para 2026, ante los efectos de los precios elevados, las alteraciones provocadas por el conflicto y señales de enfriamiento de la actividad económica.
La AIE también ha advertido, no obstante, que el mercado continúa enfrentando riesgos importantes por la interrupción de los flujos de hidrocarburos vinculada al estrecho de Ormuz. El organismo señaló recientemente que las existencias observadas habían caído por debajo de 7.900 millones de barriles, lo que reduce el colchón disponible para enfrentar interrupciones prolongadas del suministro.
Precisamente por eso, la caída de este jueves no significa que el riesgo energético haya desaparecido. El petróleo continúa reaccionando con rapidez ante cualquier información relacionada con Irán, Estados Unidos, ataques contra instalaciones energéticas o cambios en el tránsito de buques por la estratégica vía marítima.
El estrecho de Ormuz permanece en el centro de esa incertidumbre. Mientras Washington sostiene que tiene control sobre la zona, autoridades iraníes han rechazado esa afirmación y aseguran que el estrecho está bajo control y administración de Irán. La disputa mantiene un elevado componente de riesgo para los mercados energéticos.
La preocupación tampoco se limita al petróleo crudo. La situación está teniendo repercusiones sobre otros combustibles, especialmente el diésel, cuyo mercado permanece más ajustado. Las existencias relativamente bajas y las restricciones sobre determinados flujos comerciales podrían mantener presión sobre los precios de los derivados aunque el crudo haya comenzado a retroceder.
Para los países importadores de petróleo, la caída representa por ahora un alivio frente a los máximos alcanzados durante las últimas semanas. No obstante, una eventual interrupción prolongada del tránsito por Ormuz podría modificar rápidamente el escenario, especialmente si se producen nuevos ataques contra instalaciones petroleras o embarcaciones comerciales.
Los mercados financieros también reaccionaron favorablemente al descenso del crudo. En Estados Unidos, las acciones avanzaron y el S&P 500 alcanzó un nuevo máximo intradía, mientras los inversionistas redujeron sus expectativas de una subida de las tasas de interés de la Reserva Federal en septiembre. La moderación de los precios energéticos contribuye a reducir las presiones inflacionarias.
Así, el mercado petrolero queda atrapado entre dos fuerzas contrapuestas: por un lado, reservas estadounidenses elevadas y perspectivas de menor demanda, que presionan los precios hacia abajo; por otro, la incertidumbre geopolítica y los problemas de suministro asociados con Oriente Medio y Ormuz, que podrían provocar una nueva escalada. La evolución de estas variables determinará si el descenso de este jueves es el comienzo de una corrección más profunda o solamente una pausa dentro de un mercado todavía extremadamente volátil.
