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UNAH advierte que la violencia sigue siendo un problema estructural pese a la reducción de homicidios
El Observatorio Nacional de la Violencia presentó un balance de 2022-2025 y cifras preliminares de 2026. En 2025 Honduras registró 7,309 muertes por causas externas, mientras los homicidios descendieron 2.1 %, aunque la tasa de 26.2 por cada 100,000 habitantes continúa siendo elevada.
Por EL REPORTERO HONDURAS
Publicado en 12/08/2026 16:54
Honduras

Tegucigalpa, Honduras. La situación de violencia y seguridad en Honduras fue sometida este miércoles a un nuevo análisis durante el foro nacional “Violencia y Seguridad en Honduras: balance 2022-2025 y datos preliminares de 2026”, organizado por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras a través del IUDPAS y el Observatorio Nacional de la Violencia. El encuentro reunió a representantes de instituciones vinculadas con la seguridad, justicia y registro de la mortalidad.

La jornada permitió contrastar la evolución de los principales indicadores de violencia durante los últimos años y conocer los primeros resultados correspondientes a 2026. En el foro participaron representantes de la Policía Nacional, la Dirección General de Medicina Forense y el Registro Nacional de las Personas, instituciones que forman parte del proceso interinstitucional de validación de las muertes por causas externas.

Uno de los principales resultados del análisis revela que 7,309 hondureños murieron por causas externas durante 2025, cifra que representa un incremento de 7.5 % frente a las 6,797 muertes contabilizadas en 2024. El dato engloba diferentes formas de mortalidad violenta y accidental, por lo que el aumento general no significa necesariamente un incremento de los homicidios.

Precisamente, el comportamiento de los asesinatos fue diferente al del conjunto de muertes externas. Los homicidios descendieron de 2,690 víctimas en 2024 a 2,633 en 2025, equivalente a una reducción de 2.1 %. Sin embargo, la directora del ONV, Migdonia Ayestas, advirtió que una disminución de este indicador no significa que la violencia haya dejado de representar un problema de grandes dimensiones.

La tasa nacional cerró 2025 en 26.2 homicidios por cada 100,000 habitantes, frente a los 27.2 registrados en 2024. Aunque existe una reducción considerable respecto de años anteriores —en 2022 la tasa alcanzaba 38.2—, el nivel de violencia continúa siendo motivo de preocupación para los especialistas del Observatorio.

El informe también muestra que los homicidios no constituyen el único desafío. Durante 2025 aumentaron las muertes provocadas por eventos de tránsito y los suicidios, mientras también se registró un número importante de fallecimientos cuya intencionalidad aún no ha sido determinada. En particular, los accidentes de tránsito dejaron 2,029 víctimas y los suicidios alcanzaron 612 casos.

Los datos preliminares de enero a junio de 2026 aportan otro elemento al análisis: el país contabilizó 1,236 homicidios durante ese período, con una tasa proyectada de 24.6 por cada 100,000 habitantes. También se reportaron 1,018 muertes por eventos de tránsito, 218 suicidios y 329 fallecimientos por causas no intencionales.

Ayestas explicó que las cifras presentadas no corresponden simplemente a un conteo preliminar de denuncias, sino al resultado de un proceso de revisión, sistematización y validación de cada muerte registrada, realizado mediante la Mesa Interinstitucional de Validación de Muertes por Causa Externa. Para el ONV, disponer de información depurada resulta fundamental para identificar patrones, establecer prioridades y diseñar políticas públicas de seguridad basadas en evidencia.

El balance presentado por la UNAH plantea así un escenario complejo: Honduras ha conseguido reducir progresivamente su tasa de homicidios desde los niveles registrados a comienzos de la década, pero la violencia continúa afectando de manera significativa a la población y convive con otros fenómenos de mortalidad que requieren respuestas específicas. El reto, según los datos expuestos, consiste en no interpretar la reducción de asesinatos como el final del problema de seguridad, sino como una oportunidad para profundizar políticas de prevención, investigación y protección ciudadana.

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