El presidente ruso, Vladímir Putin, elevó este miércoles el tono de sus advertencias hacia Europa al cuestionar las operaciones contra los buques que Moscú vincula con su comercio energético. Durante su visita a la isla de Sajalín, en el extremo oriental de Rusia, el mandatario sostuvo que su país podría adoptar medidas de represalia si continúan las interceptaciones de embarcaciones relacionadas con la denominada flota fantasma.
La advertencia se produce en medio de una creciente ofensiva europea para dificultar el transporte marítimo de petróleo ruso y reducir los ingresos que Moscú obtiene de sus exportaciones energéticas. Putin calificó las capturas de estos barcos como “piratería y bandidaje” y afirmó que Rusia se vería obligada a responder de manera similar si las acciones occidentales persisten.
La llamada “flota fantasma” está integrada por cientos de petroleros, muchos de ellos antiguos, con estructuras de propiedad opacas y, en algunos casos, seguros o registros marítimos cuestionables. Reino Unido y sus aliados consideran que estas embarcaciones son utilizadas para eludir las sanciones impuestas a Rusia después de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022.
Londres ya ha pasado de las advertencias a las operaciones directas. El 14 de junio, comandos de los Royal Marines y agentes de la National Crime Agency abordaron el petrolero sancionado Smyrtos en el Canal de la Mancha, en una operación respaldada por buques de la Royal Navy y aeronaves. El Gobierno británico sostiene que la intervención se efectuó conforme al derecho nacional e internacional.
La disputa tiene además una dimensión económica considerable. Reino Unido afirma que las sanciones y medidas contra la flota fantasma ya contribuyeron a que aproximadamente 200 petroleros dejaran de operar en ese comercio, afectando los ingresos que, según Londres, contribuyen a financiar el esfuerzo bélico ruso. En junio, además, el Gobierno británico anunció otras 70 sanciones contra barcos, redes financieras y estructuras vinculadas con la evasión de restricciones.
Las declaraciones de Putin introducen ahora un elemento adicional de riesgo en una confrontación que hasta el momento se había desarrollado principalmente mediante sanciones, abordajes e interdicciones marítimas. Moscú ha insinuado que podría actuar contra buques occidentales en otras partes del mundo, mientras Europa mantiene su estrategia para reducir la capacidad rusa de utilizar el transporte marítimo como mecanismo para sortear las sanciones.
La situación también ocurre en un contexto de creciente tensión en las rutas marítimas vinculadas al petróleo ruso. En paralelo, algunos petroleros asociados a la flota sancionada han sufrido incidentes y daños; uno de los casos recientes es el del Caroline Bezengi, que transportaba unos 800.000 barriles de crudo ruso y actualmente enfrenta un derrame frente a las costas de Omán, lo que ha generado preocupación ambiental.
La amenaza de Moscú será observada especialmente por Reino Unido, Francia y otros gobiernos europeos que han incrementado la vigilancia sobre estas embarcaciones. La principal incógnita ahora es hasta dónde estaría dispuesto a llegar el Kremlin si se produce una nueva interceptación y qué respuesta adoptarían los gobiernos europeos ante una eventual represalia rusa.
