Tegucigalpa, Honduras.– El Partido Nacional celebró este viernes 27 de febrero sus 124 años de fundación con un acto solemne frente a la estatua del expresidente Manuel Bonilla, un evento que se convirtió en escenario para reflexionar sobre su reciente retorno al poder y los retos que enfrenta tras las elecciones de noviembre de 2025.
La conmemoración reunió a la dirigencia nacionalista, diputados, representantes de la juventud y simpatizantes de larga trayectoria, todos bajo la bandera azul y la estrella solitaria, como símbolo de la historia y continuidad del partido. El tono de la jornada osciló entre la autocrítica, el reconocimiento de los aciertos y la advertencia sobre los desafíos que vienen.
Tomás Zambrano, presidente del Congreso y secretario general del partido, recordó los años de oposición y destacó que los nacionalistas enfrentaron un periodo complicado bajo la administración de Libre. “Nos llevaron a una de las peores crisis políticas, pusieron en peligro la democracia y el futuro de Honduras. Pero este partido se levantó y eso nos hizo madurar políticamente”, señaló, subrayando que la derrota electoral previa fue un punto de aprendizaje y consolidación.
El regreso al poder se explica, en gran medida, por la percepción ciudadana sobre los desaciertos del gobierno saliente, donde críticas sobre corrupción, improvisación administrativa y políticas poco efectivas erosionaron la confianza de los votantes. Los nacionalistas capitalizaron este descontento, reforzando su mensaje de unidad, orden y experiencia política frente a lo que definieron como un periodo de improvisación gubernamental.
La designada presidencial, María Antonieta Mejía, llamó a la responsabilidad y la construcción de políticas efectivas, evitando la revancha política. “No volvimos para ajustar cuentas, volvimos para hacer las cosas diferentes”, enfatizó. Su mensaje apunta a un liderazgo más consciente, con atención a los errores del pasado y a la necesidad de cercanía con la población.
Uno de los principales retos de la administración nacionalista será equilibrar expectativas de cambio con la realidad administrativa. La ciudadanía espera respuestas inmediatas en áreas críticas como seguridad, infraestructura y servicios básicos, mientras el partido lidia con estructuras estatales que arrastran ineficiencias de gestiones anteriores.
El alcalde del Distrito Central y vicepresidente del Partido Nacional, Juan Diego Zelaya, señaló que la credibilidad y la confianza pública son centrales. “Es la última oportunidad que tenemos como clase política de recuperar la confianza y la credibilidad de la ciudadanía”, afirmó, reconociendo que cualquier error podría generar desgaste rápido ante un electorado que ha mostrado impaciencia histórica frente a la política tradicional.
El acto de aniversario, que incluyó ofrendas florales y reconocimientos internos, buscó proyectar cohesión y disciplina partidaria, una señal de que los líderes buscan consolidar una estructura interna capaz de sostener la agenda gubernamental y evitar divisiones que puedan debilitar la acción política.
Entre los aciertos iniciales de la nueva gestión se destacan la claridad en la comunicación, la definición de prioridades estratégicas y la apertura al diálogo con sectores empresariales y sociales. La administración nacionalista ha subrayado su intención de modernizar la gestión pública y de aplicar controles más estrictos a los recursos estatales, un contraste con las críticas sobre manejo irregular de fondos durante la etapa de Libre.
Sin embargo, el gobierno enfrenta desafíos inmediatos. La economía mantiene niveles de presión inflacionaria, la inseguridad sigue siendo un tema central y el aparato estatal requiere fortalecimiento en logística, transparencia y eficiencia. Cada decisión de la nueva administración será observada bajo la lupa de una ciudadanía que demanda resultados tangibles en corto plazo.
Otro riesgo latente es la expectativa política que se creó durante la campaña. Los votantes esperan que los nacionalistas resuelvan problemas históricos sin que medie un plazo largo de adaptación, lo que puede presionar a la gestión a tomar decisiones apresuradas que podrían generar críticas similares a las que se dirigían a Libre.
El retorno del Partido Nacional también evidencia una dinámica de polarización política, donde los errores de Libre fueron capitalizados como un argumento de legitimidad, pero la oposición aún tiene capacidad de fiscalización y presión, especialmente en el Congreso Nacional, donde debates y cuestionamientos podrían limitar ciertas iniciativas de la administración.
En términos de seguridad, el gobierno ha priorizado la lucha contra maras, pandillas y crimen organizado, buscando mostrar resultados concretos y reforzar la percepción de orden público. Las estrategias implementadas reflejan un aprendizaje de gestiones previas, con mayor coordinación interinstitucional y despliegue de operativos focalizados.
El aspecto social no es menor. Los líderes nacionalistas buscan equilibrar disciplina fiscal con inversión social, evitando que los ajustes económicos afecten a los sectores más vulnerables, y mostrando que la gestión no solo se enfoca en la administración central sino también en mejoras a nivel local.
En el plano internacional, la administración nacionalista tendrá que negociar con organismos multilaterales y socios estratégicos, asegurando financiamiento para infraestructura y proyectos de desarrollo, sin repetir errores de gestiones previas que llevaron a críticas por dependencia y manejo poco transparente de recursos externos.
La recuperación de la confianza institucional es un tema transversal. Los dirigentes enfatizan que cualquier acción debe acompañarse de comunicación clara y rendición de cuentas, un aprendizaje de las críticas sobre opacidad y desconexión que marcaron a Libre en su gobierno.
El aniversario partidario no solo celebró la historia, sino que también proyectó un mensaje de unidad y responsabilidad. La intención es consolidar un liderazgo que combine experiencia, renovación interna y cercanía con la ciudadanía, como estrategia para sostenerse durante el periodo 2026-2030.
Los nacionalistas reconocen que la verdadera prueba del retorno al poder se dará en los resultados concretos. La expectativa de los hondureños está en la eficacia de las políticas públicas, la estabilidad económica y la seguridad ciudadana. La capacidad de convertir promesas en acciones será determinante para el prestigio del Partido Nacional y la evaluación de su gestión.