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Cuba restablece su sistema eléctrico tras otro apagón nacional, pero persiste la crisis energética
La red eléctrica cubana volvió a sincronizarse después del colapso nacional del 18 de septiembre, el octavo registrado en 2026 según el Ministerio de Energía y Minas. Aunque las autoridades lograron reconectar el Sistema Electroenergético Nacional, el déficit de generación y la falta de combustible mantienen los apagones como uno de los principales problemas de la isla.
Por EL REPORTERO HONDURAS
Publicado en 21/09/2026 18:55
Mundo

El Sistema Electroenergético Nacional (SEN) de Cuba volvió a quedar conectado después del apagón total registrado el viernes 18 de septiembre, que dejó sin electricidad a millones de personas en prácticamente todo el territorio. La Unión Eléctrica informó el domingo que la red nacional había recuperado su interconexión, aunque advirtió que ello no significaba el restablecimiento de un suministro estable para todos los usuarios.

La interrupción se produjo luego de una falla en las líneas de transmisión de la zona occidental. Según información difundida por medios que citaron a las autoridades cubanas, una avería en la línea de 220 kilovoltios entre Matanzas y Cienfuegos provocó un desequilibrio que terminó extendiéndose por el sistema eléctrico nacional. El Ministerio de Energía y Minas activó entonces los protocolos establecidos para recuperar progresivamente el servicio.

El proceso de recuperación comenzó mediante la formación de pequeñas redes o “microislas” de generación, con prioridad para instalaciones esenciales. Hospitales, sistemas de bombeo de agua potable y centros de comunicaciones estuvieron entre los servicios atendidos durante las primeras fases de la reconexión, antes de avanzar hacia una integración gradual de las distintas regiones del país.

La dimensión del apagón volvió a poner de manifiesto la fragilidad de la infraestructura energética cubana. El sistema depende en gran medida de centrales termoeléctricas envejecidas, mientras las autoridades enfrentan dificultades para disponer del combustible necesario y mantener operativas las unidades de generación. El resultado es una combinación de baja capacidad disponible, averías y extensos períodos de interrupción del suministro.

El colapso del 18 de septiembre fue presentado por medios cubanos y agencias internacionales como el octavo apagón nacional registrado durante 2026. Antes de la nueva desconexión ya se habían producido otros episodios de gran magnitud, incluidos colapsos durante marzo, julio y agosto. La repetición de estos eventos ha convertido la estabilidad del sistema eléctrico en uno de los principales desafíos para la población y las autoridades.

La recuperación de la conexión nacional tampoco elimina el problema del déficit de generación. Reportes posteriores al apagón señalaron que, aun con el SEN nuevamente sincronizado, la capacidad disponible continúa siendo insuficiente para cubrir de manera permanente la demanda. Por ello, los cortes programados o derivados de averías pueden continuar afectando a hogares, comercios y servicios.

La crisis energética tiene además consecuencias que van más allá de la iluminación de los hogares. Los cortes prolongados afectan el suministro de agua, las comunicaciones, el transporte, la conservación y preparación de alimentos y el funcionamiento normal de hospitales y otras instalaciones esenciales. Informaciones recientes desde la isla también han reportado interrupciones que, en determinados lugares, superaron ampliamente un día de duración.

El debate sobre las causas de la crisis incorpora dos explicaciones principales. Las autoridades cubanas atribuyen buena parte de las dificultades a la escasez de combustible, el deterioro de las plantas y las restricciones estadounidenses que afectan el acceso a energía y suministros; Washington, por su parte, responsabiliza al modelo de gestión económica cubano. Mientras continúa esa disputa, el restablecimiento de la red después del último apagón no resuelve el problema estructural: Cuba necesita recuperar capacidad de generación, garantizar combustible y modernizar una infraestructura que continúa sometida a una elevada presión. 

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