La guerra entre Rusia y Ucrania volvió a experimentar una fuerte escalada este jueves, luego de que las fuerzas rusas lanzaran una serie de ataques contra distintas regiones ucranianas. Pavlohrad, en la región de Dnipropetrovsk, quedó entre los principales objetivos y sufrió impactos de drones, artillería y bombas aéreas en varios puntos de la ciudad.
El saldo de víctimas fue aumentando durante la jornada. Las autoridades de Dnipropetrovsk informaron finalmente de siete personas muertas y 76 heridas, incluidos menores de edad, después de que las fuerzas rusas atacaran cinco distritos de la región en más de 30 ocasiones. En Pavlohrad se concentró la mayor parte de las víctimas, mientras que en Dnipro también se reportaron fallecidos y heridos.
Pavlohrad tiene especial importancia para Ucrania debido a su ubicación y a su infraestructura ferroviaria y logística. La ciudad, situada a unos 70–80 kilómetros del frente, funciona como una vía de conexión entre el centro del país y las zonas donde se desarrollan los combates. Los ataques provocaron incendios y daños en comercios, vehículos y otras estructuras.
La ofensiva no se limitó a esa localidad. En Kyiv, un ataque alcanzó una estación de combustible y dejó cuatro personas heridas, mientras que en Dnipro fue golpeada una planta de procesamiento de semillas y producción de aceite perteneciente a la multinacional estadounidense Bunge. Dos personas murieron en ese ataque y otras cinco resultaron heridas, según autoridades locales.
El Gobierno ucraniano denunció que la creciente oleada de ataques contra instalaciones económicas y de infraestructura forma parte de una estrategia destinada a debilitar la capacidad productiva y logística del país. Rusia, por su parte, sostiene que sus ataques están dirigidos contra objetivos vinculados con las capacidades militares ucranianas y niega que tenga como objetivo deliberado a la población civil.
La intensidad de los bombardeos también vuelve a poner en evidencia las dificultades que enfrenta Kyiv para proteger su territorio. Reuters señaló que Ucrania atraviesa una escasez de sistemas de defensa aérea mientras Rusia emplea una combinación de misiles, drones y aeronaves no tripuladas de mayor velocidad para golpear almacenes, centros logísticos, empresas y otras instalaciones estratégicas.
Al mismo tiempo, la confrontación se extiende más allá de las líneas tradicionales del frente. Ucrania ha aumentado sus ataques de largo alcance contra territorio ruso y afirmó haber alcanzado instalaciones gasísticas en la región ártica de Yamal-Nenets, a más de 3.000 kilómetros de sus fronteras. Moscú también ha denunciado ataques ucranianos contra infraestructura en regiones fronterizas y otras zonas del país.
La nueva jornada de violencia llega mientras las posibilidades de una solución diplomática siguen siendo inciertas. El presidente Volodímir Zelenski afirmó que no habrá conversaciones trilaterales de paz antes de las elecciones parlamentarias rusas previstas para el 20 de septiembre, aunque aseguró que continúan los contactos entre negociadores ucranianos y estadounidenses. Mientras tanto, la intensificación de los ataques aumenta la preocupación por la capacidad de Ucrania para proteger su infraestructura energética y afrontar el próximo invierno.