La magnitud de la tragedia que golpeó a Nepal llevó al Gobierno de Katmandú a preparar una solicitud de aproximadamente 5.000 millones de dólares en asistencia internacional, bajo el argumento de que el país enfrenta consecuencias devastadoras del cambio climático pese a contribuir mínimamente a las emisiones globales. El pedido será presentado ante organismos financieros internacionales y gobiernos extranjeros como parte de un plan de reconstrucción de largo plazo.
El desastre comenzó el 26 de agosto, cuando el colapso de un glaciar en la zona del Himalaya desencadenó una enorme avalancha de agua, hielo, rocas y lodo que descendió por los valles y ríos del norte de Nepal. Las corrientes destruyeron comunidades, carreteras, puentes y otras infraestructuras esenciales, mientras las autoridades extendieron las operaciones de emergencia a varios distritos severamente afectados.
Las cifras oficiales más recientes muestran la dimensión humana de la catástrofe. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Nepal informó este miércoles que 1.367 cuerpos han sido recuperados y alrededor de 5.100 personas continúan desaparecidas, entre ellas unos 600 extranjeros procedentes de 35 países. Más de 13.600 personas han sido rescatadas desde el inicio de la emergencia, aunque las autoridades advierten que las cifras pueden modificarse mientras continúan las labores de identificación y búsqueda.
Uno de los sectores más golpeados es el energético. La destrucción alcanzó al menos una docena de instalaciones hidroeléctricas, algunas de ellas con trabajadores atrapados en túneles inundados o bloqueados por toneladas de barro y escombros. Equipos de Nepal, India, China, Corea del Sur, Australia y otros países participan en las tareas de rescate, mientras drones y maquinaria especializada son utilizados para localizar posibles sobrevivientes y facilitar el ingreso a las zonas aisladas.
La emergencia también provocó daños económicos de enormes proporciones. Una evaluación preliminar citada por Associated Press sitúa los daños materiales en aproximadamente 2.560 millones de dólares, una cifra equivalente a una parte considerable del presupuesto anual del país. La destrucción de carreteras, puentes, viviendas, redes eléctricas y centrales hidroeléctricas complica además la distribución de ayuda y la recuperación de las comunidades afectadas.
Ante la magnitud de las necesidades, las Naciones Unidas y sus socios humanitarios ya lanzaron un llamamiento de emergencia por 49,6 millones de dólares para atender a más de 84.000 personas durante los próximos cuatro meses. La prioridad es proporcionar alimentos, refugio, atención sanitaria, agua potable y protección antes de la llegada del invierno a las comunidades de las zonas montañosas.
El Gobierno nepalí pretende ahora convertir la emergencia inmediata en una discusión internacional sobre justicia climática. Las autoridades sostienen que los países con menores emisiones históricas están sufriendo algunos de los efectos más graves del calentamiento global y reclaman mayores recursos para reconstruir y adaptar su infraestructura ante futuros fenómenos extremos. La ONU respaldó ese planteamiento y calificó la devastación como un ejemplo de las pérdidas que enfrentan los países vulnerables al cambio climático.
Mientras se prepara la evaluación definitiva de daños y necesidades, Nepal mantiene desplegados a sus fuerzas de seguridad y equipos internacionales de rescate. La tragedia ha dejado una nación golpeada por la pérdida de miles de vidas y por la destrucción de infraestructura crítica, pero también ha abierto un nuevo debate mundial sobre quién debe financiar la reconstrucción de los países que enfrentan los efectos más severos del cambio climático.