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Himalaya bajo el lodo: más de 1,300 muertos y 5,500 desaparecidos mientras los rescatistas aún encuentran sobrevivientes
La tragedia provocada por una avalancha de hielo, roca y lodo que arrasó sectores de Nepal y el Tíbet chino mantiene una dimensión devastadora. Mientras el balance conjunto se acerca a 1,400 fallecidos, dos rescates ocurridos después de 11 días atrapados han renovado las esperanzas de encontrar más personas con vida entre los escombros.
Por EL REPORTERO HONDURAS
Publicado en 06/09/2026 21:03
Mundo

La emergencia que sacudió la cordillera del Himalaya entró este domingo en una nueva y dramática etapa: los equipos de rescate continúan excavando viviendas, túneles y estructuras destruidas, mientras el balance de víctimas sigue aumentando. Los últimos datos disponibles elevan a 1,385 los muertos y a 5,519 los desaparecidos en Nepal y la región china del Tíbet, de acuerdo con cifras oficiales recopiladas por medios internacionales.

La mayor parte de las víctimas se concentra en Nepal, donde las autoridades reportan alrededor de 1,342 fallecidos y cerca de 5,000 personas cuyo paradero continúa sin esclarecerse. La cifra ha experimentado pequeñas variaciones durante las últimas horas debido a la recuperación de restos humanos y a la dificultad de identificar cadáveres encontrados entre toneladas de barro y materiales arrastrados por las corrientes.

La dimensión de la tragedia también se refleja en el número de extranjeros afectados. Entre los desaparecidos en territorio nepalí figuran 589 ciudadanos extranjeros, mientras que las autoridades chinas han confirmado 43 muertos y 519 desaparecidos en el lado tibetano de la frontera. En conjunto, las operaciones de búsqueda involucran a víctimas de numerosas nacionalidades.

La identificación de los fallecidos se ha convertido en otro desafío para las autoridades. Según los reportes disponibles, solamente alrededor de un centenar de cuerpos han podido ser identificados y entregados a sus familiares, mientras otros restos permanecen sin identificar debido a las condiciones en que han sido recuperados. En algunas zonas se han realizado entierros colectivos después de obtener muestras para futuras identificaciones.

El desastre se originó el 26 de agosto, cuando un colapso de hielo y roca desencadenó una gigantesca avalancha de lodo y agua que descendió por los valles del Himalaya. La fuerza de la corriente destruyó viviendas, carreteras, puentes, vehículos y varias instalaciones hidroeléctricas, además de devastar el estratégico paso fronterizo de Gyirong, entre China y Nepal.

En medio de ese escenario de destrucción, dos rescates realizados el sábado devolvieron una dosis inesperada de esperanza. Una de las operaciones permitió encontrar con vida a Chandrika Kumari Shrestha, de 64 años, atrapada durante aproximadamente 11 días en un pequeño espacio de aire dentro de una vivienda de cuatro plantas parcialmente sepultada en Betrawati, distrito de Nuwakot.

El hallazgo tuvo además un componente profundamente emotivo: la familia de Shrestha ya había iniciado rituales de duelo porque daba por hecho que había muerto. Sin embargo, mientras los socorristas inspeccionaban los restos de la construcción, escucharon una voz que pedía ayuda. Después de aproximadamente 45 minutos de trabajo, consiguieron abrirse paso hasta la mujer y trasladarla a un hospital militar para recibir atención médica.

Casi simultáneamente, otra operación extraordinaria se desarrolló en las instalaciones del proyecto hidroeléctrico Upper Trishuli-1. Allí, los rescatistas localizaron con vida al ciudadano chino Luhaitao, quien había permanecido atrapado durante 11 días dentro de un túnel afectado por las inundaciones. El hombre fue encontrado aproximadamente 225 metros dentro de la estructura y posteriormente evacuado para recibir asistencia médica.

El caso de Luhaitao se suma al rescate, ocurrido un día antes, de dos trabajadores nepalíes encontrados con vida en otro túnel hidroeléctrico. Estos episodios han llevado a los equipos de emergencia a mantener abiertas las posibilidades de localizar más supervivientes, particularmente en las instalaciones subterráneas donde se cree que todavía podría haber trabajadores atrapados.

Las operaciones, sin embargo, se desarrollan bajo condiciones extremadamente difíciles. Los desprendimientos, el barro endurecido, las estructuras inestables y las dificultades de acceso complican el avance de excavadoras y equipos especializados. En el área del puerto de Gyirong, en territorio chino, los grupos de búsqueda incluso han recurrido a radares y métodos forenses para localizar víctimas bajo los escombros.

La destrucción también ha provocado una emergencia humanitaria que va más allá del número de muertos. Miles de damnificados permanecen en refugios, mientras mujeres embarazadas y madres con niños pequeños enfrentan dificultades para acceder a alimentos adecuados, agua segura y atención médica. Naciones Unidas ha advertido sobre la magnitud del desafío humanitario y lanzó un llamamiento de 50 millones de dólares para atender a más de 84,000 personas afectadas.

Mientras las autoridades trabajan para establecer el verdadero alcance de la tragedia, los dos rescates del fin de semana se han convertido en un símbolo de resistencia frente a una catástrofe que todavía no termina. Las cuadrillas continuarán removiendo toneladas de lodo y escombros en Nepal y el Tíbet, conscientes de que, pese al paso de los días, cada sonido, cavidad o túnel puede representar la diferencia entre recuperar un cuerpo y encontrar a un superviviente. 

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