Una poderosa secuencia eruptiva convirtió este domingo 6 de septiembre en una jornada de alerta para Indonesia. El Anak Krakatau, ubicado entre las islas de Java y Sumatra, expulsó una columna de ceniza que alcanzó aproximadamente 50,000 pies (15 kilómetros), provocando importantes restricciones en la aviación y llevando a las autoridades a reforzar la vigilancia del volcán.
La emergencia comenzó a tomar fuerza desde la noche del viernes 4 de septiembre, cuando se inició una fase de erupción continua alrededor de las 23:07 horas locales. El organismo geológico de Indonesia informó que la actividad estuvo acompañada de fuertes estruendos y un fenómeno conocido como “lava fountain”, caracterizado por fuentes de lava incandescente.
La magnitud del episodio también quedó reflejada en los registros de vigilancia volcánica. El Ministerio de Energía y Recursos Minerales informó que la fase eruptiva continua se prolongó aproximadamente 25 horas, hasta las 00:04 del domingo, seguida posteriormente por una erupción de tipo estromboliano de unos 30 segundos.
La ceniza volcánica terminó desplazándose hacia amplias zonas de Java y Sumatra y alcanzó el área de Yakarta, generando una seria amenaza para la navegación aérea. Como medida preventiva, Soekarno-Hatta y otros aeropuertos suspendieron temporalmente operaciones; las autoridades aeronáuticas advirtieron que las condiciones podían cambiar dependiendo de la evolución de la nube de ceniza.
El impacto sobre el transporte aéreo fue considerable: reportes internacionales señalaron que más de 1,500 vuelos resultaron retrasados o cancelados en ocho aeropuertos, afectando a unos 170,000 pasajeros. La situación obligó además a las autoridades a mantener una estrecha vigilancia sobre la calidad del aire y la dispersión de partículas volcánicas, mientras organismos de emergencia recomendaron a la población protegerse de la ceniza.
Pese a la intensidad de la actividad, el PVMBG mantiene al Anak Krakatau en nivel III, “Siaga” (Alerta) y sostiene que la estructura reconstruida del volcán después de la devastadora erupción de 2018 todavía es relativamente pequeña y, por ahora, no presenta condiciones para un colapso de magnitud capaz de generar un tsunami. Las autoridades, sin embargo, mantienen vigilancia permanente.
El episodio revive inevitablemente el recuerdo de diciembre de 2018, cuando un deslizamiento asociado al Anak Krakatau provocó un tsunami en el estrecho de Sunda y dejó más de 400 muertos. El antecedente también explica el nivel de precaución adoptado actualmente, aunque los expertos indonesios han señalado que no existe por ahora una amenaza de tsunami derivada de la actual actividad.
Las autoridades indonesias han pedido a residentes, turistas y visitantes no ingresar en un radio de tres kilómetros alrededor del cráter activo, además de permanecer atentos a las recomendaciones oficiales ante posibles lluvias de ceniza, lava y expulsión de material incandescente. La actividad continuará bajo monitoreo debido a la posibilidad de nuevas erupciones y cambios en las condiciones del espacio aéreo.