El nuevo episodio comenzó con una operación estadounidense contra dos lanzadores iraníes ubicados en Larak, según confirmó un funcionario de Washington. Estados Unidos sostiene que integrantes de la Guardia Revolucionaria estaban preparando esos sistemas para lanzar cohetes con minas marítimas hacia el estrecho de Ormuz, una zona considerada vital para el transporte internacional de hidrocarburos. El ataque representa la primera acción militar estadounidense conocida directamente contra territorio iraní desde finales de julio.
Desde Teherán, la reacción fue inmediata. La Guardia Revolucionaria aseguró que la ofensiva, que según medios iraníes habría sido ejecutada con drones, provocó la muerte y heridas de varios combatientes y civiles, aunque las autoridades no proporcionaron inicialmente una cifra precisa de víctimas. El cuerpo militar calificó la acción estadounidense como una agresión y advirtió que recibiría una “respuesta y castigo”, elevando el riesgo de una nueva cadena de represalias.
La amenaza terminó materializándose con el anuncio de un ataque iraní contra posiciones estadounidenses en Jordania. La Guardia Revolucionaria afirmó que lanzó misiles balísticos contra las bases King Hussein y Al Azraq, en represalia por la operación estadounidense en Larak. Reuters reportó inicialmente la afirmación a partir de medios iraníes, mientras otras informaciones señalaron que la mayoría de los proyectiles entrantes habrían sido interceptados y que, en las primeras horas, no se reportaban impactos significativos.
El escenario vuelve a colocar al estrecho de Ormuz en el centro de la confrontación. Antes de la guerra, por esta vía marítima transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, por lo que cualquier intento de colocar nuevas minas o una interrupción prolongada de la navegación puede tener consecuencias mucho más allá de Medio Oriente. De hecho, tras el ataque estadounidense, el precio del Brent superó los 90 dólares por barril, reflejando la preocupación de los mercados ante una posible escalada.
La confrontación entre ambos países entra así en una etapa de mayor incertidumbre, después de meses de enfrentamientos y una pausa relativa en las operaciones estadounidenses. Washington asegura que actuó para impedir una amenaza contra la navegación en Ormuz, mientras Teherán considera el ataque una provocación que debe ser castigada. La respuesta iraní contra instalaciones estadounidenses en Jordania abre ahora la interrogante sobre qué nueva acción adoptará Estados Unidos y hasta dónde llegará la escalada militar.