El Ejército de Israel comunicó este lunes que llevó a cabo un ataque aéreo contra la sede de la radiotelevisión pública iraní, IRIB, situada en el norte de Teherán. De acuerdo con la versión oficial, la operación logró “golpear y desmantelar” el centro de comunicaciones del organismo estatal.
En un comunicado difundido por las fuerzas armadas israelíes, se afirmó que la Fuerza Aérea ejecutó la ofensiva como parte de sus acciones contra lo que calificó como “infraestructura del régimen iraní”. El texto describió el objetivo como un componente clave en la estructura comunicacional del Estado iraní.
La nota militar señaló que las actividades desarrolladas en el complejo estaban dirigidas y ejecutadas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, considerado por Israel como un actor central en la estrategia regional de Teherán. Según esa versión, el centro no cumplía únicamente funciones informativas.
Israel sostuvo además que, a lo largo de los años, la Autoridad de Radiodifusión de Irán habría difundido mensajes que llamaban a la destrucción del Estado israelí y promovían el uso de armas nucleares. Estos argumentos fueron presentados como justificación de la operación.
El ataque se produce en un contexto de creciente confrontación entre ambos países, con intercambios de ofensivas que han alcanzado instalaciones estratégicas en distintos puntos de la región. La infraestructura mediática se suma ahora a la lista de objetivos alcanzados en territorio iraní.
Hasta el momento, las autoridades iraníes no han ofrecido un balance oficial sobre daños materiales o posibles víctimas derivadas del bombardeo. Tampoco se han precisado detalles independientes sobre el alcance exacto de la destrucción en el complejo.
El incidente añade un nuevo elemento a la escalada, al involucrar directamente a una institución estatal vinculada a la comunicación pública. Analistas señalan que este tipo de objetivos puede tener implicaciones políticas y simbólicas más allá del impacto estrictamente militar.
Mientras continúan las tensiones, la comunidad internacional observa con preocupación el ensanchamiento del conflicto y el aumento de ataques contra infraestructuras consideradas estratégicas por ambas partes. La evolución de los acontecimientos mantiene en alerta a la región y a los principales actores globales.