El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha incrementado las tensiones internacionales con una amenaza explícita a Irán, condicionando el inicio de negociaciones a la retirada del programa nuclear persa bajo la advertencia de un ataque militar de gran alcance.
En su mensaje difundido en su plataforma Truth Social, Trump indicó que una “enorme armada” encabezada por el portaaviones USS Abraham Lincoln, mayor a la que fue enviada en operaciones previas, se dirige hacia las aguas cercanas a Irán, lista para actuar “con rapidez y violencia, si es necesario”.
El mandatario estadounidense argumentó que el objetivo de esta movilización es forzar a Teherán a negociar “un acuerdo justo y equitativo —sin armas nucleares— que beneficie a todas las partes”, advirtiendo que el tiempo para lograrlo “se acaba”.
Trump hizo referencia a acciones militares pasadas, en especial a la denominada “Operación Martillo de Medianoche” de junio de 2025, e insistió en que, de no alcanzarse un entendimiento con Irán, el próximo ataque estadounidense sería “mucho peor”.
La respuesta de Irán ha sido contundente: su misión ante las Naciones Unidas afirmó que está dispuesta al diálogo “basado en el respeto mutuo y los intereses comunes” pero advirtió que, de ser empujado a un conflicto, el país se “defenderá como nunca antes”.
Analistas internacionales señalan que este episodio marca una escalada significativa en la rivalidad entre Washington y Teherán, con potenciales consecuencias para la estabilidad regional en Medio Oriente, donde actores como Arabia Saudita, Turquía y Egipto han llamado a una reducción de las tensiones.
El despliegue de la flota estadounidense ocurre en un contexto de inquietud global, con cancelaciones de vuelos a la zona y creciente preocupación por un posible enfrentamiento directo, mientras que organizaciones de derechos humanos han reportado decenas de miles de víctimas en la represión de protestas internas en Irán.
La comunidad internacional observa con atención este cruce de advertencias y despliegues militares, conscientes de que un conflicto entre Estados Unidos e Irán podría desencadenar repercusiones geopolíticas de largo alcance, desde precios energéticos hasta alianzas estratégicas en Asia, Europa y África.