La República de Honduras publicó un comunicado oficial desde la Secretaría de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional, rechazando firmemente los ataques perpetrados por la República Islámica de Irán contra varios estados soberanos en el Medio Oriente, entre ellos Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania. El gobierno hondureño calificó estas acciones como una amenaza grave para la paz y la seguridad internacionales.
El texto hondureño expresa solidaridad con los gobiernos y pueblos de las naciones afectadas por los ataques, enfatizando que se trata de agresiones que han alterado la estabilidad regional y que requieren una respuesta diplomática firme para preservar la paz.
Además, Honduras reafirmó su respaldo a la Resolución 2817 (2026) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, documento aprobado el 11 de marzo de 2026 que condena los ataques de Irán contra estos países y exige el cese inmediato de toda hostilidad, en línea con el respeto al derecho internacional y la protección de civiles. Esta resolución fue respaldada por 13 miembros del Consejo de Seguridad, aunque China y Rusia optaron por abstenerse.
En el comunicado, Honduras también valoró la actuación de los países que han defendido la estabilidad regional, instando al cese de acciones que profundicen la crisis y recordando el apego irrestricto al derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas como marco de solución pacífica de controversias.
El conflicto en el Golfo escaló después de una serie de ataques de Irán que afectaron instalaciones e infraestructura en varios países del Consejo de Cooperación del Golfo, provocando condenas por parte de gobiernos árabes que consideran estas acciones violaciones de la soberanía nacional y del derecho internacional.
Fuentes internacionales también señalan que los ataques iraníes se produjeron en un contexto más amplio de tensiones regionales derivadas de enfrentamientos de mayor escala entre Irán y aliados de Estados Unidos e Israel, con impactos humanitarios y económicos que han trascendido fronteras, afectando incluso el mercado energético global.
Ante este panorama, la comunidad diplomática global —incluyendo organismos multilaterales y diversas naciones— ha llamado tanto al respeto de la soberanía de los Estados como al retorno al diálogo y a mecanismos pacíficos para resolver las diferencias, evitando que una escalada mayor desencadene consecuencias más graves en Medio Oriente y más allá.
La declaración de Honduras se alinea así con una postura internacional que condena el uso de la fuerza contra países soberanos y aboga por soluciones basadas en el derecho internacional, la protección de civiles y la estabilidad regional duradera.