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La SAG prepara siembra o "bombardeo" de nubes contra la sequía: ¿qué tan efectiva es realmente esta técnica?
La SAG prepara una operación de siembra de nubes para apoyar entre 1.8 y 2 millones de hectáreas afectadas por la sequía. La evidencia científica indica que la técnica puede incrementar la precipitación bajo determinadas condiciones, pero no garantiza lluvia: depende de que existan nubes apropiadas y de características atmosféricas específicas.
Por EL REPORTERO HONDURAS
Publicado en 17/09/2026 15:06 • Actualizado 17/09/2026 15:33
CASA DE GOBIERNO

La Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) se prepara para incorporar la siembra de nubes, conocida popularmente como “bombardeo de nubes”, dentro de las medidas destinadas a enfrentar la emergencia provocada por la falta de lluvias en Honduras. El titular de la institución, Moisés Molina, informó que la operación tendría como objetivo beneficiar entre 1.8 y 2 millones de hectáreas, principalmente en las zonas más afectadas del país y particularmente en el Corredor Seco.

La operación ya habría entrado en una fase preparatoria. Molina señaló que la aeronave y el personal se encuentran en Honduras, mientras que el equipo y los insumos necesarios para adaptar el avión llegarían durante la próxima semana. El inicio de los vuelos, sin embargo, quedará condicionado a que aparezcan formaciones nubosas con características apropiadas para intentar estimular la precipitación.

Hay un punto fundamental para comprender esta tecnología: sembrar una nube no significa fabricar una nube ni producir lluvia desde un cielo despejado. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) explica que la modificación del tiempo mediante esta técnica consiste en introducir partículas en nubes existentes para alterar determinados procesos microfísicos y favorecer la formación de gotas o cristales capaces de precipitar.

En otras palabras, si no existe una nube adecuada, el avión no puede crearla. La propia SAG ha señalado que no cualquier formación nubosa sirve para realizar el procedimiento y que los vuelos dependerán de la aparición de condiciones meteorológicas favorables. Francisco Argeñal y especialistas vinculados al monitoreo meteorológico participarían en la identificación de esas oportunidades.

¿Funciona entonces el bombardeo de nubes? La respuesta científica es sí, pero con importantes matices. La OMM reconoce evidencia de que determinadas técnicas pueden aumentar la precipitación cuando se aplican bajo condiciones atmosféricas específicas. En particular, existe evidencia estadística y física para ciertos tipos de siembra glaciogénica en nubes orográficas sobreenfriadas y de fase mixta; no obstante, los resultados varían considerablemente dependiendo del tipo de nube y del ambiente meteorológico.

La dificultad está precisamente en separar el efecto provocado por la siembra del comportamiento natural de una nube. Las precipitaciones presentan una enorme variabilidad, especialmente en nubes convectivas, lo que puede hacer difícil demostrar estadísticamente cuánto de la lluvia posterior fue consecuencia de la intervención y cuánto habría ocurrido de manera natural. La OMM advierte que los resultados obtenidos en un experimento no pueden trasladarse automáticamente a otro territorio con condiciones atmosféricas diferentes.

La investigación científica tampoco está cerrada. Un estudio publicado en Scientific Reports el 20 de agosto de 2026 desarrolló un modelo matemático sobre la siembra de nubes y realizó simulaciones numéricas relacionadas con la dinámica del proceso. El trabajo analiza condiciones bajo las cuales la introducción de aerosoles podría favorecer el proceso, pero se trata de un modelo y simulaciones, no de una garantía de que una determinada operación produzca lluvia en cualquier lugar.

La experiencia internacional muestra justamente esa diversidad de resultados. La OMM señala que existen programas de modificación del tiempo en más de 50 países, destinados principalmente a aumentar lluvia o nieve, reducir granizo o dispersar niebla. Sin embargo, la organización también advierte que establecer con suficiente confianza el cumplimiento de los objetivos de estos programas continúa siendo complicado en muchos casos.

Por eso, hablar de una cantidad fija de lluvia que Honduras podría obtener mediante el procedimiento sería prematuro. No existe un porcentaje universal de efectividad que pueda aplicarse directamente al Corredor Seco hondureño: la respuesta depende de la humedad disponible, el tipo y desarrollo de las nubes, la temperatura, los vientos, la estructura de la nube y otros factores. La OMM recomienda evaluaciones experimentales rigurosas que comparen eventos tratados y no tratados y permitan calcular estadísticamente el efecto real.

Otro aspecto que requiere atención es el material utilizado para la siembra. En determinadas modalidades se emplea yoduro de plata, que puede actuar como núcleo para favorecer procesos de formación de hielo dentro de determinadas nubes. La OMM indica que estudios publicados no han encontrado impactos significativos sobre la salud humana o el ambiente derivados de las cantidades de yoduro de plata utilizadas históricamente, aunque recomienda evaluar específicamente cualquier aumento considerable de las cantidades o el uso de nuevos agentes.

La propia naturaleza de la técnica explica por qué no puede considerarse una solución independiente a la sequía. La OMM sostiene que la energía involucrada en los sistemas meteorológicos es tan grande que no es posible crear grandes sistemas nubosos capaces de producir lluvia desde cero ni transportar vapor de agua hacia una región mediante esta tecnología. Las afirmaciones de efectos meteorológicos de gran escala carecen, según la organización, de una base científica sólida.

En Honduras, la SAG plantea la siembra de nubes como una herramienta adicional, no como sustituto de las demás acciones emprendidas frente al déficit hídrico. La estrategia gubernamental contempla perforación de pozos, instalación de bombas solares y sistemas de riego, además de reservorios con geomembrana para captar y almacenar agua; según la información proporcionada por la SAG, estas obras y sistemas contemplan una inversión de 180 millones de lempiras.

A las obras de infraestructura se agregan medidas dirigidas directamente a las familias y productores afectados. Entre ellas figuran la entrega de alimentos a hogares que han sufrido pérdidas o reducción de sus cosechas, distribución de semillas y fertilizantes, apoyo con alimento para ganado y asistencia técnica. El propósito es atender tanto la emergencia inmediata como la continuidad de las actividades productivas en las zonas golpeadas por la falta de lluvia.

También se busca fortalecer la capacidad de respuesta de los gobiernos municipales mediante maquinaria destinada a rehabilitar caminos productivos, construir reservorios y atender otras necesidades relacionadas con la emergencia. Bajo este esquema, el eventual bombardeo de nubes tendría una función complementaria: aprovechar determinadas nubes que ya existan para intentar incrementar su eficiencia de precipitación, mientras las demás medidas buscan garantizar agua y alimentos independientemente del resultado de los vuelos.

El verdadero desafío para Honduras será, por tanto, medir científicamente qué cantidad adicional de lluvia, si alguna, genera la intervención y bajo qué condiciones funciona mejor. La OMM recomienda que los programas de modificación del tiempo sean evaluados periódicamente y mediante diseños que permitan distinguir el efecto de la siembra frente a la variabilidad natural. En el caso hondureño, los primeros vuelos podrían convertirse no solo en una respuesta a la sequía, sino también en una oportunidad para generar evidencia propia sobre la utilidad de esta tecnología en las condiciones atmosféricas del país. 

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