TEGUCIGALPA, HONDURAS.— Salvador Nasralla abrió este lunes un nuevo capítulo de su prolongada carrera política al anunciar que buscará la presidencia del Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal, con el propósito de reorganizar la estructura partidaria y convertirla, según su planteamiento, en la plataforma de un nuevo proyecto político nacional.
La decisión coloca nuevamente al excandidato presidencial en el centro de la disputa interna del liberalismo, apenas meses después de las elecciones generales de 2025, en las que perdió la Presidencia frente al actual mandatario Nasry Asfura por un margen estrecho. El anuncio se produce además en un partido que mantiene abiertas diferencias entre sus principales dirigentes.
Nasralla sostiene que Honduras atraviesa una “coyuntura histórica” que exige una transformación política y una conducción diferente del Partido Liberal. Desde esa perspectiva, plantea construir un instituto político más firme, moderno, transparente y conectado con sus bases, bajo la consigna de impulsar un “verdadero renacer liberal”.
Su eventual llegada a la conducción del CCEPL implicaría disputar el control de la principal estructura ejecutiva del liberalismo en un momento particularmente sensible. Actualmente, el órgano partidario está encabezado por Roberto Contreras, mientras que la composición de la dirigencia ha sido objeto de controversias y hasta de un recurso de amparo que suspendió temporalmente dos nombramientos vinculados al movimiento de Nasralla.
La nueva apuesta de Nasralla también tiene una dimensión electoral. El dirigente ha dejado abierta su intención de volver a buscar la Presidencia de la República para 2030, después de que en mayo de 2026 había declarado que no pretendía volver a ser candidato, aunque posteriormente reapareció con un proyecto presidencial de largo plazo.
Entre los principales temas que Nasralla coloca sobre la mesa figuran la generación de empleo, el acceso a medicamentos, una educación de calidad y el fortalecimiento de la seguridad. A estos asuntos suma la recuperación de la confianza ciudadana en las instituciones, uno de los principales desafíos que enfrenta el sistema político hondureño.
El dirigente liberal busca además presentarse como una alternativa frente a lo que considera el deterioro de los partidos tradicionales y apuesta por recuperar el vínculo entre la organización política y sus bases. Su discurso apunta a que el Partido Liberal vuelva a ocupar un papel central en la vida nacional y se convierta, según sus palabras, en una organización capaz de representar nuevamente a “las grandes mayorías”.
El camino, sin embargo, no estará exento de obstáculos. Las diferencias entre Nasralla y sectores de la dirigencia liberal se han hecho públicas durante los últimos meses, mientras Roberto Contreras ha cuestionado abiertamente el desempeño electoral del excandidato y ha advertido que las divisiones internas podrían mantener al partido alejado de la Presidencia durante años.
El Partido Liberal, fundado en 1891, llega a esta nueva etapa después de una trayectoria marcada por períodos de gobierno, derrotas electorales, divisiones internas y reacomodos políticos. En 2025, Roberto Contreras asumió la presidencia del CCEPL con el desafío de mantener la unidad de una organización que buscaba reposicionarse electoralmente.
Nasralla, por su parte, tiene una trayectoria política marcada por sucesivas candidaturas presidenciales y cambios de plataforma partidaria. Compitió por primera vez por la Presidencia en 2013 con el Partido Anticorrupción, encabezó en 2017 una alianza opositora y en 2021 desistió de su candidatura para respaldar a Xiomara Castro, antes de incorporarse formalmente al Partido Liberal en 2024.
Su incorporación al liberalismo produjo un nuevo reacomodo dentro de la organización y le permitió ganar la candidatura presidencial liberal para las elecciones generales de 2025. Ahora, con su aspiración al CCEPL, pretende pasar de candidato presidencial a dirigente de la estructura que deberá definir buena parte de la estrategia política del partido durante los próximos años.
La apuesta también supone un desafío para quienes consideran que el liberalismo necesita una renovación generacional y organizativa. Nasralla deberá convencer a dirigentes, bases y convencionales de que su propuesta puede superar las divisiones internas y convertir al partido en una estructura competitiva de cara al próximo ciclo electoral.
El contexto político tampoco resulta menor: en junio pasado, la Sala de lo Constitucional admitió un recurso de amparo relacionado con la conformación del CCEPL y suspendió provisionalmente dos nombramientos vinculados al sector de Nasralla. El episodio evidencia que la lucha por el control y la representación dentro del partido continúa abierta.
De concretarse su aspiración, Nasralla tendría que administrar una organización con distintas corrientes internas y con dirigentes que mantienen posiciones diferentes sobre el rumbo que debe seguir el Partido Liberal. Su propuesta de un “renacer liberal” deberá traducirse, por tanto, en organización territorial, unidad política y una estrategia capaz de recuperar electores.
Por ahora, el anuncio devuelve a Salvador Nasralla al centro de la escena política hondureña y abre una nueva batalla dentro del Partido Liberal. El dirigente apuesta por conducir el CCEPL y, simultáneamente, proyectar su regreso a la contienda presidencial en 2030; sus próximos movimientos determinarán si esta nueva etapa consigue convertirse en una verdadera reorganización del liberalismo o en otro capítulo de las prolongadas disputas internas del partido.