KATMANDÚ, NEPAL.— La dimensión de la tragedia que golpea a Nepal continúa creciendo a medida que los equipos de emergencia consiguen acceder a regiones devastadas por las inundaciones. A una semana del desastre, las autoridades reportan 1,127 personas fallecidas y 4,850 desaparecidas, cifras que mantienen abierta una carrera contra el tiempo para localizar a quienes todavía podrían encontrarse con vida.
El desastre comenzó después del colapso de un glaciar en la zona fronteriza entre Nepal y China, que provocó una gigantesca avenida de agua, hielo, lodo y rocas. La fuerza de la corriente arrasó comunidades, carreteras, puentes y otras infraestructuras a lo largo de valles del Himalaya, dejando extensas áreas incomunicadas y cubiertas de escombros.
Ahora, uno de los principales focos de los rescatistas se encuentra bajo tierra. Las autoridades creen que cientos de trabajadores podrían permanecer atrapados en túneles de proyectos hidroeléctricos, algunos de los cuales podrían conservar cámaras con aire, agua y alimentos. Equipos especializados trabajan para abrir accesos mientras bombean oxígeno hacia determinados sectores.
La operación de búsqueda se ha convertido en una compleja misión logística debido a la destrucción de carreteras y puentes. Equipos de emergencia han comenzado incluso a utilizar drones de carga para transportar suministros y recuperar cuerpos en zonas aisladas, una muestra de las dificultades que enfrenta el personal desplegado en el terreno.
La tragedia también ha obligado a Nepal a afrontar una crisis de identificación de víctimas. Las autoridades comenzaron a realizar entierros temporales de cuerpos no identificados, mientras especialistas recopilan muestras de ADN con el propósito de facilitar posteriormente la identificación y permitir que las familias conozcan el destino de sus seres queridos.
El impacto internacional del desastre es considerable. Entre los desaparecidos figuran ciudadanos extranjeros que se encontraban en Nepal, un país que recibe numerosos visitantes atraídos por sus montañas y rutas de peregrinación. De acuerdo con AP, 590 extranjeros de 39 países figuraban entre las personas desaparecidas en uno de los balances recientes, mientras Nepal confirmó el rescate de cientos de ciudadanos extranjeros.
India, China y Estados Unidos participan en los esfuerzos de emergencia. Equipos internacionales aportan capacidades de rescate, logística y asistencia técnica, mientras China intenta restablecer el acceso terrestre hacia sectores afectados del Tíbet y la frontera. En Nepal, las autoridades han desplegado miles de efectivos para atender a las comunidades damnificadas.
La emergencia no termina con la recuperación de víctimas. Naciones Unidas y organizaciones humanitarias han advertido sobre necesidades crecientes relacionadas con salud, alimentación, protección de menores, refugio y prevención de enfermedades. UNICEF señaló previamente que decenas de miles de personas habían resultado afectadas, incluidos más de 22,000 niños, mientras persiste el riesgo de nuevos desbordamientos en los corredores fluviales.
La destrucción física también plantea un enorme desafío para la reconstrucción. Una estimación preliminar citada por Reuters sitúa en aproximadamente 2.2 millones de toneladas la cantidad de escombros generados por la catástrofe. La remoción de ese material será fundamental para recuperar carreteras, restablecer comunicaciones y permitir el retorno de las familias desplazadas.
El fenómeno vuelve a poner bajo escrutinio la vulnerabilidad de las comunidades asentadas en regiones montañosas frente a la inestabilidad de los glaciares. Reuters había señalado que Nepal ha perdido cerca de un tercio de su hielo de montaña durante las últimas tres décadas, mientras científicos han advertido que el calentamiento puede contribuir a desestabilizar masas de hielo en el Himalaya.
Mientras continúa la búsqueda, las esperanzas de encontrar supervivientes disminuyen con el paso de los días, pero los equipos de emergencia mantienen las operaciones, particularmente en los túneles hidroeléctricos donde las condiciones podrían permitir la supervivencia de personas atrapadas. Nepal entra así en una nueva etapa: rescatar a quienes aún puedan estar con vida, identificar a los fallecidos y comenzar una reconstrucción que podría prolongarse durante años.