La posibilidad de que El Niño alcance una intensidad histórica aumentó considerablemente. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó este jueves 13 de agosto que existe un 69 % de probabilidad de que el episodio registrado entre octubre y diciembre de 2026 supere la intensidad de los eventos observados desde 1950, cuando comenzó la serie histórica utilizada para comparar este fenómeno.
El pronóstico representa un cambio importante frente a las previsiones de meses anteriores. En julio, la NOAA calculaba en 81 % la posibilidad de un El Niño muy fuerte durante octubre-diciembre; ahora, el organismo señala que las probabilidades de que sea “muy fuerte” superan el 90 % durante el otoño e invierno del hemisferio norte.
La señal que está detrás de esta actualización se encuentra principalmente en el océano Pacífico ecuatorial. Durante julio, las temperaturas superficiales registraron anomalías superiores a 2 grados Celsius en sectores del Pacífico oriental, mientras que bajo la superficie del océano se detectaron anomalías que llegaron hasta los 10 grados Celsius, una reserva de calor que puede contribuir a mantener e intensificar el fenómeno.
Los indicadores oficiales también muestran diferencias importantes entre las distintas zonas del Pacífico. Para julio, el índice Niño-3.4 alcanzó +1,4 °C, el Niño-3 llegó a +1,7 °C y el Niño-1+2 registró +2,9 °C, de acuerdo con el Centro de Predicción Climática de la NOAA. La organización explica que, en conjunto, el comportamiento del océano y de la atmósfera confirma que El Niño continúa fortaleciéndose.
El umbral utilizado para identificar el fenómeno es mucho menor que los valores que actualmente se observan en algunas regiones. La NOAA considera las condiciones compatibles con El Niño cuando las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial se mantienen al menos 0,5 °C por encima del promedio durante un periodo sostenido; actualmente, los indicadores oceánicos se encuentran muy por encima de ese nivel.
Para Centroamérica, la evolución del fenómeno adquiere especial relevancia. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que El Niño suele estar asociado en esta región con una disminución de las precipitaciones acumuladas y patrones de lluvia más irregulares. El denominado Corredor Seco Centroamericano aparece entre las zonas especialmente vulnerables ante períodos prolongados de déficit hídrico.
En el caso de Honduras, este escenario puede representar una presión adicional sobre sectores que dependen directamente del comportamiento de las lluvias. Una eventual reducción o irregularidad de las precipitaciones puede repercutir en la disponibilidad de agua, los ciclos agrícolas y la seguridad alimentaria, aunque la NOAA recalca que los efectos de El Niño no son idénticos en todas las regiones y tampoco están garantizados.
El fenómeno tampoco se limita a modificar las lluvias. La OMM señala que un El Niño intenso puede favorecer episodios de calor extremo y cambios importantes en los patrones de precipitación, aumentando la presión sobre los sistemas de agua, agricultura, energía, salud y ecosistemas. La organización subraya que las consecuencias dependen de la región y de la interacción con otros factores climáticos.
Otro efecto que los meteorólogos siguen de cerca está relacionado con la actividad ciclónica. El Niño tiende a incrementar la cizalladura vertical del viento sobre el Atlántico, un factor que generalmente dificulta la formación y fortalecimiento de huracanes en esa cuenca, mientras puede favorecer una mayor actividad tropical en el Pacífico oriental. Por ello, su evolución constituye una de las variables consideradas en los pronósticos de la temporada de huracanes.
La propia NOAA ya modificó su perspectiva para la temporada de huracanes de 2026. Su Centro Nacional de Huracanes mantiene al Atlántico bajo vigilancia dentro de una temporada que el organismo había caracterizado como por debajo de lo normal, mientras que el Pacífico oriental puede presentar una actividad relativamente mayor. Sin embargo, una menor cantidad prevista de sistemas no significa que desaparezca el riesgo de impactos importantes: un solo ciclón puede producir daños severos.
La evolución del fenómeno será seguida de cerca durante los próximos meses, especialmente porque los modelos de la NOAA apuntan a que El Niño continuará fortaleciéndose hasta finales de 2026. El organismo advierte que un episodio de esta magnitud aumenta la probabilidad de experimentar los efectos característicos del fenómeno, pero insiste en que una mayor probabilidad no equivale a una certeza sobre el comportamiento del clima en cada país o región.
La advertencia coloca nuevamente al clima como un factor de riesgo para los próximos meses. Con un 69 % de probabilidad de alcanzar una intensidad histórica respecto de los registros desde 1950, y más de 90 % de posibilidades de un episodio muy fuerte durante el otoño e invierno boreal, las autoridades y sectores productivos de países vulnerables deberán prestar especial atención a las reservas de agua, planificación agrícola, prevención de incendios, gestión de riesgos y preparación ante eventos extremos.
