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Nasralla cuestiona inseguridad que enfrentan niños y jóvenes y propone convertir el deporte en una política de Estado
El candidato presidencial del Partido Liberal de Honduras (PLH), Salvador Nasralla, vinculó el nuevo proceso de captación de futbolistas que impulsa la Federación de Fútbol de Honduras con una problemática que, a su juicio, trasciende las canchas: la inseguridad y la falta de oportunidades que enfrentan niños y jóvenes. Durante su programa 5 Deportivo, sostuvo que Honduras necesita buscar talentos que hayan crecido en entornos más favorables, pero también invertir desde el Estado en escuelas de fútbol y desarrollo deportivo para evitar que las nuevas generaciones queden expuestas a la violencia.
Por EL REPORTERO HONDURAS
Publicado en 09/08/2026 17:17 • Actualizado 09/08/2026 17:17
DEPORTES

Las declaraciones de Nasralla colocaron el fútbol en medio de un debate mucho más amplio sobre las condiciones sociales en que crece la niñez hondureña. Al referirse al actual proceso de renovación de la selección, el dirigente liberal consideró que parte de la estrategia consiste en identificar jóvenes hondureños que se hayan desarrollado en otros países y, por tanto, hayan tenido acceso a mejores condiciones de formación, seguridad y competencia deportiva.

Durante su intervención, Nasralla describió la inseguridad como una amenaza cotidiana para los menores, particularmente durante sus desplazamientos hacia los centros educativos. Afirmó que para un niño hondureño incluso acudir a la escuela puede convertirse en una situación de riesgo por la posibilidad de ser víctima de asaltos, violencia u otros delitos. Aunque la expresión corresponde a una valoración política del candidato, los datos oficiales sí muestran que la violencia tiene efectos concretos sobre la población infantil y juvenil. El INE estableció que 423,845 hondureños —el 4.5 % de la población— han experimentado desplazamiento interno alguna vez en su vida como consecuencia de la violencia.

El mismo estudio revela que la problemática tiene una incidencia particularmente importante entre las nuevas generaciones. Aproximadamente el 11 % de las personas desplazadas corresponde a niñas, niños y adolescentes menores de 14 años, mientras que los jóvenes entre 15 y 34 años representan cerca del 38 %. Para el INE, estos datos evidencian la exposición de niños y jóvenes a amenazas que pueden alterar sus proyectos de vida y obligar a familias enteras a abandonar sus comunidades.

La preocupación por los entornos educativos tampoco es exclusivamente política. La Policía Nacional informó en junio que su División de Policía Escolar había sistematizado experiencias de prevención de violencia en 875 centros educativos a nivel nacional, con el objetivo de fortalecer ambientes escolares seguros y protectores para niños, niñas y adolescentes. El dato demuestra que la seguridad alrededor de las escuelas forma parte de las preocupaciones institucionales del Estado.

En ese contexto, Nasralla defendió la necesidad de aprovechar el fútbol como una herramienta de transformación social. Recordó el proceso seguido por España para desarrollar estructuras capaces de producir futbolistas de alto nivel y convertir al país en una potencia mundial. Sin embargo, estableció una diferencia: mientras España habría utilizado ese modelo para dar un salto competitivo, Honduras necesita, según su planteamiento, utilizar el deporte también como mecanismo para ofrecer alternativas a jóvenes que viven en condiciones de vulnerabilidad.

El proceso de renovación de la selección hondureña comenzó a tomar una nueva dirección con la incorporación del español Las declaraciones de Nasralla colocaron el fútbol en medio de un debate mucho más amplio sobre las condiciones sociales en que crece la niñez hondureña. Al referirse al actual proceso de renovación de la selección, el dirigente liberal consideró que parte de la estrategia consiste en identificar jóvenes hondureños que se hayan desarrollado en otros países y, por tanto, hayan tenido acceso a mejores condiciones de formación, seguridad y competencia deportiva.

Durante su intervención, Nasralla describió la inseguridad como una amenaza cotidiana para los menores, particularmente durante sus desplazamientos hacia los centros educativos. Afirmó que para un niño hondureño incluso acudir a la escuela puede convertirse en una situación de riesgo por la posibilidad de ser víctima de asaltos, violencia u otros delitos. Aunque la expresión corresponde a una valoración política del candidato, los datos oficiales sí muestran que la violencia tiene efectos concretos sobre la población infantil y juvenil. El INE estableció que 423,845 hondureños —el 4.5 % de la población— han experimentado desplazamiento interno alguna vez en su vida como consecuencia de la violencia.

El mismo estudio revela que la problemática tiene una incidencia particularmente importante entre las nuevas generaciones. Aproximadamente el 11 % de las personas desplazadas corresponde a niñas, niños y adolescentes menores de 14 años, mientras que los jóvenes entre 15 y 34 años representan cerca del 38 %. Para el INE, estos datos evidencian la exposición de niños y jóvenes a amenazas que pueden alterar sus proyectos de vida y obligar a familias enteras a abandonar sus comunidades.

La preocupación por los entornos educativos tampoco es exclusivamente política. La Policía Nacional informó en junio que su División de Policía Escolar había sistematizado experiencias de prevención de violencia en 875 centros educativos a nivel nacional, con el objetivo de fortalecer ambientes escolares seguros y protectores para niños, niñas y adolescentes. El dato demuestra que la seguridad alrededor de las escuelas forma parte de las preocupaciones institucionales del Estado.

En ese contexto, Nasralla defendió la necesidad de aprovechar el fútbol como una herramienta de transformación social. Recordó el proceso seguido por España para desarrollar estructuras capaces de producir futbolistas de alto nivel y convertir al país en una potencia mundial. Sin embargo, estableció una diferencia: mientras España habría utilizado ese modelo para dar un salto competitivo, Honduras necesita, según su planteamiento, utilizar el deporte también como mecanismo para ofrecer alternativas a jóvenes que viven en condiciones de vulnerabilidad.

El proceso de renovación de la selección hondureña comenzó a tomar una nueva dirección con la incorporación del español José Francisco Molina como entrenador. La prensa deportiva hondureña ha destacado que la llegada de Molina representa el inicio de una nueva etapa para la Bicolor y que su trabajo está vinculado con una visión de transformación del fútbol nacional.

La discusión también alcanza a la estructura de formación. Nasralla sostuvo que, si hubiese llegado a la Presidencia de la República, habría destinado una inversión considerable a las escuelas de fútbol y al desarrollo deportivo. Su planteamiento supone que el Estado no debería limitarse a financiar instalaciones o selecciones nacionales, sino crear un sistema permanente en barrios, escuelas y comunidades donde los niños puedan practicar deporte, recibir formación y mantenerse alejados de ambientes asociados con la delincuencia.

El Gobierno, por su parte, ha desarrollado mecanismos específicos de prevención y protección de la niñez. La Secretaría de Seguridad informó en julio sobre un Plan Operativo Anual 2026-2027 de la Comisión de Protección y Prevención de Violencia, con un presupuesto estimado de 127.7 millones de lempiras, destinado a acciones de prevención, protección y fortalecimiento de mecanismos como la Alerta AMBER. Sin embargo, la propuesta planteada por Nasralla abre otra discusión: si la seguridad debe complementarse con una política deportiva de largo plazo que genere espacios seguros y oportunidades para los jóvenes.

El verdadero desafío, por tanto, no está solamente en encontrar futbolistas que hayan desarrollado sus capacidades en Estados Unidos, Europa u otros países. También está en construir las condiciones para que los próximos talentos puedan crecer en Honduras con seguridad, educación, alimentación, infraestructura y entrenadores capacitados. La afirmación de Nasralla convierte así la renovación de la selección en una pregunta de mayor alcance: ¿puede Honduras utilizar el deporte como una herramienta nacional contra la violencia, la exclusión y la falta de oportunidades? La respuesta dependerá de si el país logra pasar de iniciativas aisladas a una política permanente que conecte deporte, educación, seguridad y desarrollo juvenil. como entrenador. La prensa deportiva hondureña ha destacado que la llegada de Molina representa el inicio de una nueva etapa para la Bicolor y que su trabajo está vinculado con una visión de transformación del fútbol nacional.

La discusión también alcanza a la estructura de formación. Nasralla sostuvo que, si hubiese llegado a la Presidencia de la República, habría destinado una inversión considerable a las escuelas de fútbol y al desarrollo deportivo. Su planteamiento supone que el Estado no debería limitarse a financiar instalaciones o selecciones nacionales, sino crear un sistema permanente en barrios, escuelas y comunidades donde los niños puedan practicar deporte, recibir formación y mantenerse alejados de ambientes asociados con la delincuencia.

El Gobierno, por su parte, ha desarrollado mecanismos específicos de prevención y protección de la niñez. La Secretaría de Seguridad informó en julio sobre un Plan Operativo Anual 2026-2027 de la Comisión de Protección y Prevención de Violencia, con un presupuesto estimado de 127.7 millones de lempiras, destinado a acciones de prevención, protección y fortalecimiento de mecanismos como la Alerta AMBER. Sin embargo, la propuesta planteada por Nasralla abre otra discusión: si la seguridad debe complementarse con una política deportiva de largo plazo que genere espacios seguros y oportunidades para los jóvenes.

El verdadero desafío, por tanto, no está solamente en encontrar futbolistas que hayan desarrollado sus capacidades en Estados Unidos, Europa u otros países. También está en construir las condiciones para que los próximos talentos puedan crecer en Honduras con seguridad, educación, alimentación, infraestructura y entrenadores capacitados. La afirmación de Nasralla convierte así la renovación de la selección en una pregunta de mayor alcance: ¿puede Honduras utilizar el deporte como una herramienta nacional contra la violencia, la exclusión y la falta de oportunidades? La respuesta dependerá de si el país logra pasar de iniciativas aisladas a una política permanente que conecte deporte, educación, seguridad y desarrollo juvenil.

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