El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este miércoles que no contempla una “escalada” con Cuba, pese al incremento de tensiones bilaterales tras la reciente imputación del expresidente cubano Raúl Castro por el derribo de dos avionetas en 1996.
“No, no habrá una escalada. No creo que sea necesario. Ese lugar se cae a pedazos. Ellos perdieron el control”, declaró Trump ante periodistas al regresar a Washington luego de un evento en Connecticut, en declaraciones que reflejan el tono crítico de su administración hacia el gobierno cubano.
El mandatario estadounidense también adelantó que “pronto habrá un anuncio” respecto al bloqueo petrolero impuesto a la isla tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero, una medida que ha profundizado la crisis energética en el Caribe.
Las declaraciones se producen en el mismo día en que el Departamento de Justicia de Estados Unidos formalizó en Miami la acusación contra Raúl Castro, a quien se le imputan cargos de asesinato, conspiración para matar ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves, relacionados con el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate.
El caso, ocurrido el 24 de febrero de 1996, ha sido uno de los episodios más tensos en la historia de las relaciones entre Washington y La Habana, y ha sido reactivado judicialmente tres décadas después como parte de una estrategia de presión política y legal contra antiguos altos funcionarios del régimen cubano.
En este contexto, Trump calificó la imputación como un “momento muy importante” y destacó el respaldo político que recibe de la comunidad cubano-estadounidense en el estado de Florida, uno de sus principales bastiones electorales.
El presidente también respaldó las declaraciones del fiscal general adjunto Todd Blanche, quien anunció la acusación formal en Miami y afirmó que el gobierno estadounidense “no olvida a sus ciudadanos” y perseguirá responsabilidades sin importar el tiempo transcurrido.
Desde La Habana, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel rechazó la acusación contra Raúl Castro y la calificó como una acción política sin sustento jurídico, argumentando que forma parte de un intento de justificar una eventual agresión contra la isla.
La imputación contra Castro, quien se retiró de la vida política activa en 2021, marca un nuevo punto de inflexión en la estrategia de Washington hacia Cuba, en medio de sanciones económicas, restricciones comerciales y presiones diplomáticas intensificadas.
Analistas internacionales consideran que la decisión judicial también tiene un fuerte componente simbólico, al reabrir un caso histórico que ha sido bandera política del exilio cubano en Estados Unidos durante décadas.
Mientras tanto, el gobierno estadounidense ha reiterado su postura de endurecer la presión sobre La Habana, aunque Trump insistió en que su intención no es provocar una confrontación directa, sino redefinir las relaciones bilaterales bajo nuevas condiciones.
Por ahora, el escenario entre Washington y La Habana permanece marcado por la tensión diplomática, la judicialización de hechos históricos y una creciente polarización política que mantiene a Cuba nuevamente en el centro de la agenda internacional.