Estados Unidos e Israel lanzaron este viernes ataques coordinados contra instalaciones nucleares en Irán, en una nueva fase del conflicto que, según Washington, podría alcanzar sus objetivos militares en un plazo de semanas.
El ejército israelí confirmó el bombardeo del reactor nuclear de agua pesada de Arak, ubicado en el centro del país, poco después de que medios iraníes informaran sobre explosiones en la zona.
Asimismo, las fuerzas israelíes detallaron que también fue atacada una planta de extracción de uranio en Yazd, lo que coincide con reportes de la organización de energía atómica iraní que atribuyen los bombardeos a una operación conjunta entre Estados Unidos e Israel.
Ante estos hechos, el director del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, reiteró su llamado a la contención militar, advirtiendo sobre los riesgos de un posible accidente nuclear en medio de la escalada.
Desde Teherán, el canciller Abbas Araghchi aseguró que su país impondrá un “precio muy alto” por lo que calificó como crímenes israelíes, denunciando ataques a infraestructura civil, incluyendo siderúrgicas y plantas eléctricas.
En paralelo, los Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica emitieron advertencias dirigidas a trabajadores de instalaciones industriales vinculadas a intereses estadounidenses o aliados de Israel, instándolos a evacuar ante posibles represalias.
El grupo también pidió a la población mantenerse alejada de zonas donde haya presencia de tropas estadounidenses, en medio de crecientes amenazas de ataques dirigidos contra estos objetivos.
La tensión se extiende al estrecho de Ormuz, donde fuerzas iraníes obligaron a varias embarcaciones a cambiar su ruta, advirtiendo que esta vía estratégica podría cerrarse para buques asociados con países considerados enemigos, lo que incrementa la preocupación global por el impacto económico y energético del conflicto.