En un contexto de creciente tensión internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emitió una declaración que ha generado preocupación a nivel global, al afirmar que su país “va a tomar Cuba”, en medio de una crisis sin precedentes en la isla.
El pronunciamiento ocurre en un momento crítico para Cuba, que el pasado 16 de marzo de 2026 sufrió un colapso total de su sistema eléctrico, dejando a toda la nación sumida en un apagón generalizado.
La estatal Unión Eléctrica (UNE) confirmó la desconexión completa del Sistema Electroenergético Nacional, calificando el evento como uno de los más graves en los últimos años.
Este apagón representa el sexto colapso energético de gran escala en apenas dieciocho meses, reflejando el deterioro progresivo de la infraestructura eléctrica del país caribeño.
A través de sus canales oficiales, la UNE informó que se activaron protocolos de emergencia para intentar restablecer el servicio, aunque advirtió que la recuperación total podría tomar varias horas debido a la magnitud de las fallas.
Especialistas coinciden en que la crisis energética en Cuba no es un hecho aislado, sino el resultado de años de falta de inversión, corrupción estructural y el desgaste de un sistema eléctrico obsoleto que ya no responde a la demanda nacional.
Sin embargo, el gobierno cubano ha responsabilizado directamente a las sanciones impuestas por Estados Unidos desde inicios de 2026, señalando que estas han limitado el acceso a combustibles y repuestos esenciales para el mantenimiento de las plantas generadoras.
La declaración de Donald Trump ha intensificado el clima de incertidumbre, en un escenario donde la crisis técnica se mezcla con un discurso político que sugiere posibles acciones de mayor alcance.
Analistas internacionales advierten que este tipo de retórica podría escalar rápidamente la tensión en la región, especialmente en un momento donde la estabilidad interna de Cuba se encuentra comprometida por la emergencia energética.
Mientras tanto, millones de cubanos permanecen sin electricidad, enfrentando no solo las dificultades propias del apagón, sino también la incertidumbre sobre el rumbo político y social del país en los próximos días.