En las primeras horas de este miércoles 4 de febrero, Caracas vivió una de las detenciones más impactantes en años recientes cuando agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), con apoyo técnico del FBI, concretaron la detención del empresario Alex Saab, señalado durante años como operador financiero cercano al expresidente venezolano Nicolás Maduro.
El operativo, según fuentes de inteligencia citadas por medios internacionales, se ejecutó alrededor de las 2:30 de la mañana, y además de Saab también resultó detenido Raúl Belisario Gorrín, empresario venezolano vinculado con medios de comunicación y sancionado en Estados Unidos por presuntos delitos financieros.
Ambos hombres fueron trasladados a instalaciones del SEBIN en el centro de Caracas, donde permanecen bajo custodia mientras se evalúa su situación legal y posibles solicitudes de extradición hacia Estados Unidos, informaron las mismas fuentes periodísticas.
Saab, ciudadano colombiano con doble nacionalidad venezolana, ha sido objeto de investigaciones internacionales por su papel en supuestas tramas de lavado de dinero y contratos ficticios durante la gestión de Maduro, incluida su vinculación con programas de importación bajo fuertes señalamientos de corrupción.
Por su parte, Gorrín, propietario de empresas mediáticas como Globovisión, ha sido perseguido por la justicia estadounidense desde hace años por cargos que incluyen lavado de activos y sobornos, y figuraba como prófugo en varios procesos judiciales en Florida.
La intervención se produce en un contexto de intensificación de la cooperación entre autoridades venezolanas y agencias internacionales tras la caída del gobierno de Maduro y la pausa de tensiones diplomáticas en la región, según analistas consultados.
Hasta el momento, ni el gobierno venezolano ni las autoridades de Estados Unidos han emitido confirmaciones oficiales sobre los detalles de las detenciones o los fundamentos jurídicos que podrían sostener una extradición.
Este episodio marca un momento clave en la lucha contra la corrupción internacional y podría definir el destino judicial de dos de los personajes más controvertidos del entramado económico del chavismo.