La paciencia comienza a agotarse en San Cristóbal, capital del estado venezolano de Táchira, donde los apagones forman parte de la rutina diaria. Habitantes consultados por AFP expresaron su frustración ante interrupciones que afectan sus actividades cotidianas y cuestionaron que, mientras ellos permanecen durante horas sin electricidad, Caracas mantenga un servicio considerado prioritario por las autoridades.
El malestar se extiende mucho más allá de la capital tachirense. El Pitazo documentó recientemente que comunidades del municipio Panamericano permanecieron hasta 22 horas consecutivas sin electricidad, mientras en otros puntos del estado se han registrado interrupciones todavía mayores. En junio, San Judas Tadeo llegó a acumular hasta 30 horas sin servicio, según reportes de habitantes y autoridades locales.
En medio de esta situación, el exdiputado opositor Heriberto Labrador cuestionó la distribución de la energía generada en Táchira. Según su denuncia, la planta termoeléctrica regional produciría alrededor de 70 megavatios, capacidad que, a su juicio, permitiría atender la demanda local, pero parte de esa generación terminaría incorporándose al sistema eléctrico nacional. La denuncia ha alimentado el reclamo de sectores que exigen prioridad para los usuarios de la región.
Las consecuencias económicas son cada vez más visibles. La Cámara de Industria y Comercio del Táchira estimó en mayo una reducción de entre 55 % y 60 % de la producción de bienes y servicios debido a los cortes, mientras comerciantes han tenido que recurrir a plantas eléctricas y asumir mayores gastos en combustible. También se han reportado daños en neveras, equipos de refrigeración y otros aparatos por las fluctuaciones del voltaje.
La crisis alcanza incluso a los centros de salud. En hospitales de municipios como Rubio y Seboruco se han reportado dificultades para mantener la atención durante los apagones, con personal médico obligado en ocasiones a trabajar con linternas y comunidades organizando colectas para adquirir equipos de respaldo eléctrico. El problema ocurre dentro de una crisis nacional de generación: informes citados por El Pitazo señalan que el sistema venezolano enfrenta dificultades para cubrir una demanda cercana a los 15.000 megavatios, mientras una parte importante de la capacidad termoeléctrica permanece fuera de servicio.
La situación eléctrica adquiere además importancia estratégica para Venezuela, que necesita recuperar su infraestructura energética para sostener la producción petrolera y atender el consumo interno. Estados Unidos anunció recientemente un acuerdo con GE Vernova destinado a estabilizar la red venezolana durante los próximos seis a 12 meses, con la recuperación de activos fuera de servicio y planes para incorporar nueva capacidad. Mientras esas inversiones se concretan, en Táchira persiste el reclamo de miles de ciudadanos que exigen algo básico: tener electricidad de manera continua y predecible.