Este domingo, Irán lanzó una nueva serie de misiles contra Israel, apuntando al sur y al centro del país, en un episodio que intensifica la escalada militar en la región. La ciudad portuaria de Eilat fue uno de los principales objetivos, aunque uno de los proyectiles, equipado con munición de racimo, fue interceptado por los sistemas de defensa aérea israelíes.
El ejército israelí reportó que algunos proyectiles alcanzaron zonas urbanas y estratégicas, sin que hasta el momento se hayan registrado víctimas o daños significativos. Las autoridades mantienen la alerta máxima ante posibles lanzamientos adicionales.
Como respuesta, la fuerza aérea israelí ejecutó ataques aéreos “extensos” contra infraestructura militar y estratégica en el oeste de Irán, según fuentes oficiales de Tel Aviv. Los bombardeos apuntaron a instalaciones vinculadas con el desarrollo militar y sistemas de comunicaciones del régimen iraní.
Desde Teherán, el ejército iraní afirmó que sus ataques tenían como objetivo una unidad policial israelí y el centro de comunicaciones satelitales denominado Defensa Gilat, vinculado, según Irán, al Departamento de Defensa de Estados Unidos y la OTAN.
El intercambio militar no solo se limita a los ataques físicos. La tensión verbal escaló cuando la Islamic Revolutionary Guard Corps (IRGC) lanzó amenazas directas contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, prometiendo asesinarlo si continuaba con vida. El comunicado se difundió por Sepah News, medio oficial de la Guardia Revolucionaria.
La amenaza coincidió con especulaciones sobre la ausencia de Netanyahu en una reunión de seguridad de alto nivel, lo que generó rumores —no confirmados— sobre una posible lesión del primer ministro durante los recientes ataques iraníes.
Paralelamente, las autoridades iraníes han acusado a Estados Unidos e Israel de planear operaciones de “bandera falsa” para responsabilizar a Irán de posibles ataques contra población civil. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, sugirió que Washington podría estar involucrado en estas maniobras.
El secretario de Seguridad Nacional iraní, Ali Larijani, elevó aún más la retórica al insinuar que Estados Unidos podría estar preparando un atentado en su propio territorio “similar al 11 de septiembre de 2001”, con el objetivo de culpar posteriormente a Irán.
Con este nuevo episodio, la región de Medio Oriente se encuentra nuevamente en alerta máxima, con un intercambio militar activo y creciente tensión diplomática entre Irán, Israel y Estados Unidos, mientras la comunidad internacional sigue con preocupación el desarrollo de los acontecimientos. (Europa Press)
Analistas advierten que la escalada podría tener implicaciones globales, especialmente en los precios del petróleo y la seguridad de las rutas marítimas estratégicas en el Golfo Pérsico, que alimentan el comercio energético mundial.