El ejército israelí ha penetrado este martes en zonas más amplias del sur de Líbano, utilizando tanques y tropas, como parte de lo que el ministro de Defensa, Israel Katz, describió como medidas para “prevenir ataques contra comunidades fronterizas” tras los proyectiles lanzados por Hezbolá el lunes. Esta acción marca un nuevo capítulo en la guerra en Oriente Próximo, que ya entra en su cuarto día.
Fuentes locales indican que un contingente de Israel, compuesto por un tanque y tres excavadoras, avanzó desde la ciudad fronteriza de Metula hacia la zona de Tal al Nahas, cerca de Marjayún, según informó el diario libanés Orient-Le Jour. La incursión incluyó municipios como Merkaba, Al Adeisse, Kfar Kila y Ramyah, según denunciaron los cascos azules, aunque posteriormente las tropas regresaron a territorio israelí.
La ofensiva se produjo tras la orden del ejército israelí, cerca de la medianoche del lunes, de desalojar 30 municipios del sur del Líbano y establecer lo que denominaron una “zona de amortiguamiento”, aumentando la tensión en la región fronteriza.
El ejército regular libanés, encargado por el acuerdo de alto el fuego de 2024 de mantener el control de la zona, ha evacuado varias de sus posiciones en el borde fronterizo. Esta situación ha dejado a los civiles atrapados entre la disfuncionalidad de sus fuerzas nacionales y la presencia armada de Hezbolá, que se presenta como actor indispensable en la defensa local.
“Las fuerzas de la División 91 están operando en la zona sur del Líbano y controlando varios puntos como parte del concepto de reforzar la defensa del frente”, señaló el ejército israelí tras una jornada de bombardeos que dejó alrededor de 40 muertos, según recuento oficial. La fuerza aérea de Israel también atacó posiciones avanzadas, incluyendo la sede del Grupo Islámico en Sidón, una facción armada local vinculada a los Hermanos Musulmanes.
Adicionalmente, la aviación israelí bombardeó áreas cercanas al río Litani, unos 30 kilómetros de la frontera, en lo que constituye la zona que Beirut había declarado libre de grupos armados en enero. Israel consideró insuficiente el desarme y ha mantenido un incremento de ataques en la región.
El Ministerio de Sanidad del Líbano informó que, durante los 15 meses previos de alto el fuego parcial, los bombardeos israelíes habían causado 397 muertes, incluyendo miembros de Hezbolá y milicias palestinas, así como más de 130 civiles, evidenciando el alto costo humanitario del conflicto.
Hezbolá, debilitada tras la contienda de 2024, justificó su reciente ataque como respuesta a la muerte del líder supremo iraní, Ali Jameneí, en una operación conjunta de Estados Unidos e Israel. Mahmud Qmati, dirigente del grupo, declaró este martes: “La era de la paciencia ha terminado… que haya una guerra abierta”, subrayando la escalada que amenaza con prolongar la confrontación en la región.