Washington/Teherán.– A las 4:15 de la madrugada, hora del Este de Estados Unidos, comenzó la operación militar conjunta bautizada como “Furia Épica” por Washington y “Rugido del León” por las fuerzas israelíes, destinada a neutralizar las capacidades militares y nucleares de Irán.
Entre los objetivos confirmados figuraban la residencia del ayatolá Alí Khamenei, líder supremo del régimen teocrático, y la del presidente iraní, Masoud Pezeshkian, aunque hasta el momento no se ha confirmado el paradero de ninguno de los dos.
Imágenes satelitales difundidas horas después del ataque mostraron columnas de humo negro y estructuras colapsadas en el complejo de seguridad que alberga oficinas y residencia de Khamenei, evidenciando el impacto de los bombardeos.
Sin embargo, en declaraciones a la cadena NBC News, el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi, aseguró que el ayatolá Jameneí y la cúpula política permanecen vivos. “Casi todos los funcionarios están a salvo. Puede que hayamos perdido a uno o dos comandantes, pero eso no es un gran problema”, afirmó.
Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel reportaron haber alcanzado múltiples objetivos de defensa aérea estratégicos, incluyendo un avanzado sistema SA-65 en la región de Kermanshah, en el oeste de Irán. La operación también destruyó un misil balístico que estaba próximo a ser lanzado contra territorio israelí, según un video aéreo publicado en X.
El presidente estadounidense Donald Trump emitió un mensaje al pueblo iraní al anunciar el inicio de la operación, señalando que “la hora de su libertad está cerca” y que “han comenzado importantes operaciones de combate”. Reconoció que “las vidas de valientes héroes estadounidenses podrían perderse”, aunque no se reportó un despliegue de tropas sobre el terreno.
El conflicto genera una fuerte tensión regional, con riesgos de represalias iraníes y la posibilidad de escaladas en el Golfo Pérsico, donde Estados Unidos mantiene presencia militar estratégica.
Expertos en geopolítica advierten que los ataques combinan objetivos militares y simbólicos, buscando debilitar la capacidad de reacción de Teherán mientras se envía un mensaje político al mundo y a la población iraní sobre el alcance de la operación.